En alto corazones
Así empezaba el himno de mi colegio Maristes Sants. Eran los tiempos de la transición, cuando viví el 23 F enganchado a un bocadillo de chorizo y un vaso de Cola-Cao. Los hermanos maristas tenian cosas buenas en la formación que nos dieron a ese grupo de cuarenta y tantos chiquillos que hacinábamos las clases. Los Maristas tenian también cosas malas: nunca les perdonaré no tener compañeritas de clase, diversos castigos corporales y sus cachetones. Hace unas semanas tuve la oportunidad de compartir una cena con ellos, con el resto de los entonces niños y hoy economistas, financieros, y de otras diferentes profesiones. Nosotros, los niños baby-boomers, hace unas semanas, no pudimos evitar cantar, entre cubata y cubata, ese himno que nos inculcaron, de valores de esfuerzo, moralidad y rectitud. Y pensamos... si quitamos todo lo negativo, en el fondo no eran tan malos.


2 Comments:
Tienes razón. Aunque parezca irracional creo que aquellos cachetes nos ayudaron algo a ser lo que somos. Viendo un poco como crece la juventud hoy en día ¿no sería terapeutico un cachete de vez en cuando?
El cachete terapeutico debe de ser un cachete más emocional. No comparto los castigos físicos, pero a veces un simple gesto -si se habitua a hacer con ellos desde pequeños - deja claro el principio de autoridad.
(Joer, que se note que di psicologia en la Uni, ;-)
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